LA RANA CAPRICHO (Cuento)
Soy Cuco, el cuenta-cuentos más guapo y agradable de la red, siéntense cómodos que traigo uno sensacional:
CAPRICHO
sí le nombraban sus amiguitas que jugaban diariamente con ella debido a que siempre mantenía una actitud obstinada, terca e inflexible a pesar de que era muy sociable y tan sentimental que contrastaban ambas cualidades.
Nada más que amanecía se le veía divirtiéndose en cuanto pantano había a su alrededor, saltaba, chapoteaba agua, croaba alegremente siempre con un grupo numeroso de sus amiguitas. De vez en cuando, caminaba y saltaba y se dirigía acompañada con ellas envuelta en una extraña sensación de placer que la confundía, hacia aquel hermoso río, de aguas mansas y cristalinas, con pequeñas márgenes, donde árboles y palmas apretadas se disputaban la conquista del sol.

Allí entre retozos y los pequeños ruidos que hacían los frutos de la palma cuando chocaban con el agua, gustaba de dirigir su palabra. Nada parecía ser más importante que el éxtasis que le embargaba aquel pensamiento fijo. Algún día visitaré otros lugares, buscaré la felicidad, seré famosa, me rodearé de muchos amigos, me bañaré en otras tierras, entonces sí que seré feliz. Sus amiguitas no le prestaban atención y con la indiferencia la obligaban a detener su arenga y participar en aquel chapoteo alegre e ingenuo.

Momento que aprovechaba Capricho para lanzarse desde una enorme roca que al afinarse en laja parecía que su punta besaba aquella agua fresca que presurosa se deslizaba hacia un remanso más oscuro y sombrío. Allí salía entre los verdes junquillos, asomando su cabecita, insistía y volvía a insistir, repitiendo aquella preocupación, que era solo un pensamiento mal empleado, y que dentro del constante gozo del grupo nadie parecía advertir. Ya verán mis amiguitas, ustedes están tan entretenidas que no se dan cuenta lo que les digo, solo me queda invitarlas a que me acompañen a lograr mi objetivo de poder encontrar la Felicidad. Nadie contestó.

Un trueno ensordecedor rompió el silencio, parecía anunciar la llegada de unas nubes oscuras que empujadas por el viento dejaban caer una fina lluvia lo que multiplicaba aquella sana alegría y todas ocupadas en disfrutar no se percataron que Ranita Capricho se alejó rápidamente dando tantos saltos con aquella idea obsesiva que pronto alcanzó a distinguir un refugio donde guarecerse. Era una pequeña casa. Las sombras de la noche se acercaban. Al momento de entrar sintió un ruido y se lanzó precipitadamente a una zona muy oscura y allí se acomodó tranquila entre papeles para pasar la noche. Pero por ironías del destino aquello era un maletín de un funcionario que trabajaba en una embajada de un lejano país del Oriente Medio. Cuando amaneció, el dueño cerró el ziper y se fue a coger el avión para su viaje de vacaciones de una semana a su país.
Después de muchas horas de viaje y algunas volteretas en aquel improvisado refugio, un ardiente calor en la cara la obligó a abrir los ojos, una potente fuente de luz la hizo pestañar varias veces. Se dio cuenta que había llegado a algún lugar para ella desconocido y saltó loca de contenta convencida que iba a alcanzar sus sueños. Era tanta su alegría que le parecía que flotaba en el aire.
-Ésta es mi vida, esto es lo que busco, esto es lo que deseo- se decía en una de sus íntimas conversaciones. Presa de una sublime satisfacción salió al exterior e inmediatamente la golpeó un calor terrible, miró hacia arriba, no vio nubes, y ni una sola ave rompía la monotonía de aquel cielo cuando extendía toda la vista hacia el horizonte.
Solo un brillo intenso del astro rey le abofeteo la cara, y notó que aquello por donde caminaba solo era arena y demasiada caliente para sus paticas tiernas y húmedas. El sudor con la arena le fue impregnando todo el cuerpo. Las tormentas de arena le impedían una marcha constante, sus ojos se cerraban y se abrían dejando escapar lágrimas producidas por los pequeños granitos que le dañaban los ojos. Aún así no se detenía ¡Qué sed! ¡qué terrible sed!.Decía. ¿Dónde están los pantanos?. Aquellos ricos charcos donde pudiera jugar, refrescar, tomar agua. Quizás un poco más adelante, decía. y continuaba caminando. ¡Oh qué calor! Necesito una buena sombra.

¿Dónde están aquellos frondosos árboles con sus flores y sus frutos que le negaban el paso a los rayos del sol ¿Dónde el trinar de las aves, que le anunciaban la salida del crepúsculo matutino? ¿ Dónde está la hierba, los junquillos, las malanguetas, aquellas nubes obscuras, aquella lluvia que a veces tanto molestaba porque todo lo inundaba? Así caminó dos o tres días. Por la noche un frío intenso y por el día un inmenso calor. ¿Dónde podré encontrar amiguitos?
Sólo aquella idea obsesiva le permitió caminar buscando algo que no podía encontrar. La ansiada felicidad no aparecía. Se detenía. Daba nuevos pasos. Dudaba. Avanzaba lentamente. Pero las experiencias nacen de los errores y lamentablemente las dificultades son la que nos hacen madurar. Ya tenía tanta sed que su única obsesión era tomar agua, no encontraba pantanos, ni ríos, ni árboles, ni sombra, ni amigos ¿Qué tonta he sido? Se decía, yo que venía a buscar felicidad y tenía tanta, y no lo sabía, entonces se dio cuenta que había fracasado, que había aprendido una lección a un precio muy elevado que solo compensaría sus sufrimientos el poder trasmitir sus experiencias a sus amiguitos. Rápidamente emprendió el regreso, casi sin aliento llegó hasta la casa desde donde había salido y allí en el mismo lugar que había utilizado para viajar se refugió a sollozar ¡Qué hambre! ¡Qué sed! ¡Qué! Calor! ¡Qué ganas de llorar! ¡Que sensación de soledad! Allí turbada y soñolienta cerró los ojos pensando que sus horas estaban contadas.
Así quedó dormida. Pero cual no sería su sorpresa cuando un terrible batuqueo la despertó. El hombre cerró el maletín y emprendió el viaje de regreso después de sus cortas vacaciones. Una vez en su lugar de origen. Ranita Capricho sintió un aire fresco y húmedo que le penetraba invadiéndola de alegría, eran las primeras señales de algo tan conocido . Respondió como un resorte con un enorme salto y otro más, y sin querer cayó en un pantano, ¡Qué sabroso!. ¡Qué agua tan dulce, tan fresca!. Tomó tanta que creía que iba a reventar. No lo podía creer. Sus ojos le brillaron. Ya no tenía arena en su cuerpo, ya el sol no le molestaba, ya había sombra por donde quiera, ya no tenía calor. Ahora iba hacia aquel charquito donde solía divertirse diariamente con sus amiguitos para disculparse delante de ellos y a transmitirle sus experiencias. Efectivamente allí estaban como siempre jugando alegremente.

Todos la saludaron, todos la abrazaron. Entonces desde aquella afilada roca, y rompiendo aquel acostumbrado silencio del bosque se dirigió a sus amiguitos. Todos la escucharon con atención, y le dedicaron un cerrado aplauso al terminar sus proféticas palabras:
MIS QUERIDOS COMPAÑERITOS: NO HAY CAMINO A LA FELICIDAD, LA FELICIDAD ES EL CAMINO. AUNQUE RECORRAN EL MUNDO ENTERO NO LA ENCONTRARÁN, LA FELICIDAD ES EL HOGAR, TU AGUA, TU CHARCO, TU NUBE, TU SOL. TU RÍO, TU SOMBRA, TU BOSQUE, TUS AMIGOS, TU TIERRA, Y SOBRE TODO LA FELICIDAD ERES TÚ!

FIN!
Referencia: Un cuento de Victor Manuel
R. Fernández.
Diseño e imagen: Maga Terrenal

No hay que ser rata!
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giverny dijo
Un bonito cuento con moraleja. Gracias Maguita guapa:-)
Feliz fin de semana
Besos!!
15 Febrero 2008 | 09:56 PM